Viaje a la mente del Dr. Muerte



A diferencia de la mayoría de los asesinos en serie, el Dr. Muerte no tuvo una infancia en la pobreza extrema: fue un niño consentido y sobreprotegido por su madre, quien le dio prácticamente todo lo que pudo.

Harold Frederick Shipman nació el 14 de junio de 1946 en Nottingham, Reino Unido. Fue el segundo de tres hermanos. Era el hijo consentido de Vera Shipman, una madre tradicional británica que le inculcó a su hijo predilecto un sentido de superioridad que llevaría consigo el resto de su vida. Haciendo sentir inferiores a sus otros dos hijos e incluso vigilar con quién jugaba Harold, Vera no tendría idea del daño que, no solo le hacía a su hijo, sino a toda la sociedad.

Cuando Harold tenía 17 años de edad, su madre sufriría de un cáncer terminal que a la postre le arrancaría la vida. Sin embargo, fue durante la enfermedad de su adorada madre, que Shipman conocería algo que marcaría para siempre su vida: la morfina. El doctor familiar que visitaba a la señora Vera le suministraba pequeñas dosis del fármaco para aliviar su dolor por el cáncer; a Harold le interesaba la manera en cómo, en un abrir y cerrar de ojos, se calmaba el sufrimiento de su mamá. Vera Shipman falleció el 21 de junio de 1963.

Harold, decidido debido a la muerte de su madre, aplicó por medicina en la Universidad de Leeds, fallando en el primer intento, pero acertando en el segundo. Al graduarse, de inmediato conseguiría trabajo como médico residente. Las opiniones sobre Shipman serían muy contradictorias: sus pacientes lo reconocían como un doctor sincero, de buen humor y especial carácter. Los demás empleados afirman que era muy déspota, estresante y agresivo.


Para comienzos de la década de los 70's, el Dr. Shipman ya era prácticamente adicto a la morfina. Se la inyectaba para reducir el estrés que le provocaba el trabajo, y también se la inyectaría, en dosis letales, a muchos de sus pacientes...

No obstante, la más prolífica etapa mortal del apodado Dr. Muerte comenzaría luego de abrir su propio consultorio, a comienzo de los años 90's. Allí logró atender un aproximado entre 2.800 y 3.200 pacientes, muchos de los cuales conocieron la muerte luego de visitarle.


Sus víctimas predilectas fueron ancianas mayores de 70 años, que usualmente vivían solas y no tenían tantas personas que reclamaran por sus vidas. El modus operandi siempre fue el mismo: inyecciones con dosis alarmantes de morfina. Así sería durante más de cinco largos años.

Las terribles acciones del Dr. Shipman serían captadas por la Dra. Linda Reynolds, que sospechó por el asombroso número de actas de defunción emitidas por el médico: un total de 521 pacientes de Harold Shipman habrían fallecido. Reynolds informó esto a la policía, pero por falta de pruebas, el caso fue cerrado. Shipman cometería unos pocos asesinatos más hasta su detención.

La última víctima del Dr. Muerte fue la empoderada Kathleen Grundy, quien, tras su fallecimiento, se descubrió que su testamento había sido modificado: en lugar de heredarle a su hija, le heredaba a su "confiable doctor, que siempre estuvo con ella en sus últimos días". El testamento, evidentemente falso, fue escrito en máquina de escribir, lo cual la difunta no poseía. La hija de la sra. Grundy denunciaria esto a la policía, quien exhumó el cadáver y encontró una clara sobredosis de morfina. Esto incurrió en el arresto del médico el 7 de septiembre de 1998.

Se le realizaron pruebas a 15 cuerpos más que Shipman había declarado como fallecidos y en todos se encontraron cantidades abismales de morfina. 

El Dr. Harold Shipman fue sentenciado a 15 cadenas perpetuas el 31 de enero del 2000, pero solo estaría en la cárcel durante casi 4 años, ya que el 13 de enero de 2004 se suicidaría colgándose en uno de los barrotes de su celda. En la actualidad se cree exhaustivamente que Shipman asesinó a 215 pacientes.

Se entiende que el principal motivo de los asesinatos del médico se debieron a la voluntad que tenía de controlar la vida de las demás personas, potenciado por el sentimiento de superioridad que su madre crearía dentro de sí. La adicción que poseyó por decidir quien vivía y quien moría, sería, con toda seguridad, la razón de sus asesinatos.

Durante su detención, estas fueron algunas de sus palabras: "Soy un médico y en mis manos está el poder de la vida y la muerte. No soy un instrumento de Dios, yo soy Dios. Soy un ser superior”.


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